La propuesta parte del principio fundamental de que los niños sienten antes de comprender, y que es a través del juego, la curiosidad y la creatividad como construyen su aprendizaje artístico. Por ello, se diseñan actividades que les permiten imaginar las posibilidades de su entorno, transformar materiales conocidos, reconocer el color, la forma y el sonido, y expresar sus emociones a través de los recursos plásticos, musicales y corporales que se ponen a su alcance. El taller se nutre de su bagaje cultural —canciones, juegos tradicionales, ritmos, colores, historias y objetos cotidianos— para ayudarles a redescubrirlos y convertirlos en propuestas nuevas y personales.
La elección de materiales se realiza con especial cuidado, priorizando aquellos que resultan accesibles, cálidos y estimulantes para la infancia: barro, papel, cuerdas, materiales reciclables, arena u hojas en las actividades plásticas; canciones infantiles y populares, pequeños instrumentos musicales, telas y ropa para disfrazarse en las prácticas de música y expresión corporal. Con estos recursos, la creatividad se potencia desde la sencillez, la exploración sensorial y la libertad de movimiento.
Plástica, música y expresión corporal se trabajan de forma coordinada para favorecer procesos creativos completos. Así, por ejemplo, las marionetas que diseñan, construyen, pintan y decoran en la parte plástica se transforman después en personajes que cobran vida en las sesiones de expresión corporal y música, permitiendo montar pequeñas obras teatrales acompañadas de la ambientación sonora creada por ellos mismos. Todo ello convierte el taller en un espacio vivo y lleno de posibilidades, donde cada niño y niña puede crecer, imaginar y comunicarse a través del arte.